Erase una vez, como en un cuento de hadas, cuando todo funcionaba casi a la perfección: corredor con carriles expresos, simpatía y amabilidad de parte de los choferes y cajeros hacia los pasajeros, un trabajo en equipo con la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet), autobuses limpios y en buenas condiciones, comunicación cajero (a) chofer y viceversa, y el fiel respeto de detenerse en todas las paradas establecidas.
Pero hoy nos encontramos con la triste realidad de lo que otrora fue el servicio del transporte más decente de nosotros los dominicanos, el brindado por la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), parece que se encuentra en estado de coma; y que ni el famoso médico Dr. House, de la serie televisiva, podría salvarle.
La verdad es que el servicio de la OMSA es deficiente y sin doliente. Cuando abordamos un autobús, encontramos discusiones entre chofer- cajera-pasajero; los de la Amet no funcionan como antes, y sus miembros sólo sirven para llenar los autobuses y ocupar asientos de lo que sí pagan; no hay supervisión ninguna; y los autobuses se encuentran en situación crítica, sin aire acondicionado, sucios, goteando agua adentro, etc.
Es común que los choferes no se detengan en las paradas, dejando a nosotros los consumidores parados; ya no hay preocupaciones por los envejecientes, mujeres embarazadas y niños; y lo más peligroso, no se detienen a esperar que las personas bajen del autobús.
Sin lugar a dudas, si el transporte de la OMSA sigue como va, desaparecerá, y dentro de poco tiempo encontraremos otro cementerio igual al llamado Onatrate; aunque esperemos de corazón que no colapse nuestro servicio de transporte. Hay que reducir la abultada nomina e invertir más en los autobuses, seleccionar mejor personal y una supervisión constante.
Finalmente, nos permitimos hacer una pregunta al Dr. Leonel Fernández Reyna: ¿Sr. Presidente, sabe usted en qué manos está el volante?