A las aerolíneas dominicanas les pasa peor que al Coronel de la famosa novela del laureado escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez, pues estas no sólo no tienen quien les escriba, sino que tampoco tienen quien las defienda de manera colectiva ante la toma de importantes decisiones que afectan sus negocios, como también carecen de representación en los organismos oficiales del sector aeronáutico nacional.
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|  Para decoración en la temporada navideña de 1998 en el Aeropuerto Internacional Las Américas, así terminó esta aeronave de Dominicana de Aviación. ¡Suerte que por lo menos sirvió para algo! | |
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Desde que el país entró en el año 1993 en la archiconocida "Categoría 3", que impedía a nuestras aeronaves comerciales viajar hacia territorio norteamericano, para las aerolíneas nacionales nada ha salido bien. Y así pudimos ver como se cumplían los vaticinios de un apreciado amigo, muy conocedor del busilis técnico y comercial de la aviación, quien cada vez que despegaba una nueva empresa aérea nos decía que era "un natimuerto".
Un rápido ejercicio mental nos permite recordar algunos nombres de aerolíneas nacionales, que transportaban pasajeros, desaparecidas desde aquella época hasta la actualidad: Compañía Dominicana de Aviación (CDA), Aeroturs Dominicano, Alas Nacionales, Dominair, Aeromar, y Queen Air. Air Santo Domingo todavía existe, pero sólo realizar vuelos chárter en pequeñas aeronaves; y PAWA Dominicana parece que no está muy bien.
Otras no llegaron a arrancar, entre ellas Dominicana International Airlines (DIA), Sol Airlines Dominicana, y el patético caso de Air Dominicana; esta última quebrada por sus administradores antes de comenzar a operar, con lo cual se perjudicó el Estado Dominicano con varios millones de dólares, y nadie dice nada.
Pero las de carga aérea no se quedaron atrás, pues no resistieron ese letal cataclismo, y al igual que los dinosaurios también se extinguieron: Aerochago, Aerotim, Alas Airlines, Amsa, Taíno, y Trado.
Desunión ha sido parte de su fracaso
A los empresarios de la aviación civil tradicionalmente les ha sido difícil ponerse de acuerdo. Y ahí está gran parte de la culpa del fracaso de ese sector.
Por eso no de extrañar que el gremio de aerolíneas más conocido en el país sea la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), la cual representa los intereses de los operadores extranjeros, y no de los nacionales; y generalmente es a la que se invita a actividades oficiales, como representante de las aerolíneas.
Desde hace poco tiempo, los operadores nacionales se han agrupado en la Asociación de Líneas Aéreas Comerciales (Alarcom), entidad que todavía no logrado gran presencia en el entorno aeronáutico nacional, y que sus pocos miembros no logran cohesionarse en temas trascendentales para su supervivencia; tal como quedó evidenciado con el reciente comunicado de prensa con el cual fijaban su posición sobre las denuncias hechas por dos importantes asociaciones de pilotos y controladores aéreos, sobre la ocurrencia de una gran cantidad de incidentes aéreos en el sistema de tránsito aéreo dominicano.
La predecesora de Alarcom fue la Asociación de Líneas Aéreas Nacionales (Alana), la cual representó fundamentalmente a las aerolíneas de carga y, lógicamente, ante el descalabro de estas quedó tan trasquilada que perdió toda su lana.
Hoteleros son más influyentes en sector aeronáutico
Mientras las aerolíneas no son miembros de la Junta de Aviación Civil, tampoco de la Comisión Aeroportuaria, en cambio la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes (Asonahores) cuenta con un representante en ambos organismos oficiales.
El licenciado Arturo Villanueva es quien ostenta esa delegación por Asonahores, pero desde hace mucho tiempo.
Ni siquiera en la modificación para lograr lo que es la actual Ley 491-06, se les dio la oportunidad a las aerolíneas. Aunque la misma dice que serán miembros de la Junta de Aviación Civil "dos especialistas en transporte aéreo en representación del sector privado" y "un representante del Sector Turístico privado no regulado de la Republica Dominicana", todos nombrados por el Poder Ejecutivo; eso no fue más que una salida elegante para no consignar en esa normativa los nombres y apellidos de los ocupantes vitalicios de esas membresías.
Internacionalmente es muy diferente
Ese es el sombrío panorama en el que se desenvuelven las aerolíneas dominicanas, y que contrasta grandemente con la enorme influencia que tienen los operadores aéreos en la mayoría de las naciones. La confirmación de lo anterior, para no entrar en muchos detalles, es palpable con el prestigio y poder del que goza la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA).
Creada hace más de 60 años, IATA hoy representa a 230 aerolíneas, las cuales componen el 93% del tráfico aéreo internacional regular (sujeto a itinerarios). Se puede decir que durante las últimas décadas esta organización ha trazado la agenda de la regulación del transporte aéreo comercial internacional.
Es por ello que la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) trabaja de manera muy coordinada con la IATA. Sería muy importante que las autoridades reguladoras nacionales siguieran ese ejemplo, y se tome más en cuenta a las aerolíneas nacionales; pero también que estas despierten y entiendan que a veces, cuando no se reconocen nuestros derechos, es imperativo arrebatar.